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Los Modelos de Gestión

Esta página tiene el propósito de informar sobre avances científicos en materia de modelos de gestión organizacional.

La información contenida en esta página posee derechos de propiedad intelectual, ruego respetuosamente citar de la siguiente forma: Róger Méndez [en línea], La Organización Inteligente, http://rogermendez.es.tl/, [Consulta: 15 de agosto de 2008]

 

 

 

 

Administración Pública,
Nuevo Estado Cooperativo y
Contrato Organizacional

Por Róger Méndez Benavides

rogermendez@myway.com

Palabras clave: Administración Pública, Estado, Contrato Organizacional, Sector Social, Sector Productivo, Crecimiento, Desarrollo, Progreso.

Resumen:


El siguiente es un artículo basado en la obra de Omar Guerrero-Orozco. Es un intento por resumir algo de la obra: La Teoría de la Administración Pública. También incluye un abordaje propositivo en cuanto al nuevo tipo de estado de orden cooperativo, basado en lo que el autor denomina "contrato organizacional".

____________

Artículo

En el proceso de construcción de la ciencia de la administración, es puntual destacar las diferencias entre las contribuciones suministradas por las ciencias camerales, emanadas de una institución medieval denominada “la Cámara”, [lugar donde los ingresos del príncipe eran guardados] y los enfoques del gerencialismo y del estudio de las organizaciones.


Es necesario acentuar el hilo conductor entre sistemas de organización de la sociedad y tipología de gestión de los asuntos del sistema, estado o reino. Por ejemplo, en el Medievo, la relación entre los señores y los súbditos se llevaba a cabo mediante lo que se denominaba “el vasallaje”, donde la figura de autoridad era el feudatario [señor feudal] y la figura pasiva que le rendía homenaje, el vasallo, este modelo funcionó en el Feudalismo.


El cameralismo fue una técnica y una teoría de la administración de otro tipo de Estado, [el Estado Absolutista], y con el advenimiento del Estado Constitucional o Estado Burgués de Derecho, el modelo de gestión de los asuntos públicos se transforma del cameralismo, a lo que hoy se conoce como la “ciencia de la administración”.


El cameralismo fue el estudio superior de sistematización, racionalización y organización del trabajo administrativo, con el propósito de incrementar el poder del Estado Absolutista. Esto implica que el Estado se constituyó en el centro de interés de la ciencia de la administración y que el resto de los enfoques [gerencialismo y estudio de organizaciones], ocupan un lugar secundario, debido a que entre el estado y las organizaciones privadas, existen trayectos profundos. En consecuencia, los orígenes de la ciencia de la administración se encuentran en el cameralismo.


Para el cameralismo, el propósito central de cualquier teoría social era demostrar cómo puede asegurarse el bienestar del Estado.


El cameralismo distinguía tres ciencias fundamentales, a saber; la economía, la policía y la cameralia. Hubo un cameralista muy destacado llamado Juan Enrique von Justi, que publicó una obra en 1760 denominada Los fundamentos del poder y el bienestar de los estados o Exposición de todas las ciencias de la policía, este autor explica que las ciencias camerales se distinguen de la política y a su vez de la economía, mientras que la política es el arte de suministrar seguridad a la comunidad contra los peligros del dintorno y del entorno, la economía consiste en preservar e incrementar los bienes del Estado, en tanto que la cameralia enseña cómo usar los medios sabiamente, para la promoción de la felicidad del Estado.


De modo que el nacimiento de las ciencias de la administración se deriva o constituye un producto histórico, resultado de un proceso que ha cruzado el tiempo desde la Edad Media, pasando al Estado Absolutista y la transformación es éste en el Estado Constitucional, es en este último estadio donde muda su nombre de “ciencias camerales” y renace como “ciencia de la administración”; la cual es una disciplina europea, surgida de las transformaciones acontecidas en Francia, Alemania y España.


Primero: En Francia en 1705 con el Tratado de la policía de Nicolás Delamare, el cual presentó los elementos fundamentales de las disciplinas administrativas, en Prusia entre 1755 y 1756 gracias al aporte de Juan Enrique von Justi en su obra Economía de Estado y sus principios de ciencia de la policía, obra que reunió los principios de las ciencias camerales.


Segundo: Con la desaparición del Estado Absolutista, desaparecen también las ciencias camerales, pero lo advertido por Alejandro de Tocqueville en su obra El antiguo régimen y la revolución, ciertas instituciones del antiguo sistema son legadas [con adaptaciones y nuevos ropajes] al nuevo tipo de Estado, una de ellas la centralización administrativa.


Tercero: El Estado Constitucionalista surgido en Francia, Alemania y España, recibiendo en teoría contribuciones del antiguo régimen, requiere de una nueva disciplina, la cual bautiza con el nombre de ciencias de la administración.


Por los tres puntos antes comentados, se puede asegurar que la ciencia de la administración nace con Carlos Juan Bonnin en 1808, con su obra editada en Francia denominada Principios de Administración Pública, en España con Javier de Burgos en 1826 y en Alemania con Lorenzo von Stein en 1865, éste último advierte que una sociedad de pobres empobrece al Estado, mientras que una sociedad de ricos, enriquece al Estado.


De modo que la administración pública se ocupa del hombre, cuida de él, de brinda comodidades, lo protege; pero no lo hace con sentido filantrópico, lo hace porque de ello depende el cuidado del Estado.


La Revolución Francesa y la Ciencia de la Administración: La mezcla de eventos sociales y de pensadores concurrentes con dichos eventos, suscitó en Francia un impulso a las ciencias administrativas. Roberto Jacobo Turgot (1727-1781) quien llegara a ser intendente de Limoges y Contralor General de Finanzas del Estado Absolutista francés, fue uno de los grandes cultivadores de la economía de todos los tiempos.


Turgot le planteó a Luis XVI una profunda reforma para mantener el Estado Absolutista, pero su reforma fue rechazada por el monarca, no obstante, la reforma planteada por Turgot no murió, se intentó llevarla a cabo, primero por el ministro Necker en 1778 y luego por el ministro Colonne en 1786 y posteriormente por el Contralor Brienne en 1787, quien hace pública el documento de reforma [denominado Memoria], esto permitió que muchos discutieran la reforma parcialmente ejecutada, la cual tuvo una influencia en la Asamblea Constituyente, la reforma de Turgot giraba en torno al fortalecimiento de un espíritu público local, dándole competencias a las municipalidades.


Otro pensador que ya he mencionado, surgido de la época de la Revolución Francesa, Carlos Juan Bonnin, pone en manos de los diputados de la Asamblea Nacional un libro titulado Principios de Administración Pública [publicado tardíamente en 1808, pero originado en los aviares de la Revolución], los impactos de la Revolución en el resto de países europeos no se hace esperar, Francia vive entre 1792 y 1794 una economía de guerra que multiplica las fuerzas y el vigor del estado revolucionario, la obra de Bonnin fue puesta al servicio del Estado revolucionario, sin predecirse su impacto posterior, la ciencia de la administración es aplicada en España y Prusia para aliviar los males del absolutismo, pero inevitablemente termina matándolo lentamente.


Bonnin llega a proponer la necesidad de erradicar la burocracia, la prepotencia y la arbitrariedad de la administración, para tal cometido expone el principio primitivo de la administración del cual se derivan los principios sucedáneos, el principio primitivo yace en las relaciones sociales, surgidas del derecho natural, fuente de todas las leyes, derecho inherente al hombre, origen y objeto de la legislación en general y por tanto de las leyes administrativas.


El interés público representa las asociaciones y las relaciones entre los hombres, de la sociedad brota el gobierno y del gobierno surge la administración, de modo que en el pensamiento de Bonnin, el Estado es la organización política del pueblo, en consecuencia, la administración es consustancial al Estado.


La Teoría de la Administración Alemana: Entre los autores que desarrollaron la teoría de administración en Alemania se cita a Roberto Von Mohl, éste pensaba que en el Estado se encierra toda la vida del hombre, su obra La ciencia de la policía, fue publicada en 1832. Otro autor germánico es Gaspar Bluntschli, su obra connotada es Derecho Público Universal aparecida en 1876, este autor definía la administración como la expresión opuesta a la constitución o a la ley, dado que designa la actividad concreta y variada del Estado, considerada en detalle, por oposición al orden público y jurídico general permanente.

Bluntschli sostenía que la administración pública se basa en el derecho y deber públicos; la administración privada tiene su base en el derecho privado y se deja al arbitrio de los particulares. También alemán es Otto Mayer, su obra más importante es Derecho Administrativo Alemán publicada en 1895, Mayer sostiene que es Estado es un pueblo organizado bajo un poder soberano para la consecución de sus intereses, en tanto que la administración es la actividad del Estado para el cumplimiento de sus fines.


Otro autor alemán que ha contribuido a la teoría de la administración pública es Carlos Marx, las obras de Marx relacionadas a la administración con El dieciocho brumario de Luis Bonaparte (1851); La guerra civil en Francia (1871); La Crítica a la filosofía del Estado de Hegel (1843).


Marx sostiene que el Estado y la organización de la sociedad no son, desde el punto de vista político, dos cosas diferentes. El Estado es la organización de la sociedad. La administración es la actividad organizadora del Estado, en suma, la actividad del Estado. Marx formula la ley de la impotencia, dice que la administración tiene que limitarse a una actividad formal y negativa, toda vez que su poder acaba donde comienza la vida privada y su trabajo, se modo que, frente a las consecuencias que brotan de la naturaleza antisocial de esta vida burguesa, de esa propiedad privada, de ese comercio, de esa industria, de ese mutuo saqueo de los diversos sectores burgueses, la impotencia es la ley natural de la administración.


El estado debe hacer algo al respecto, en ese sentido, el Estado no puede abolir la vida privada, porque eso conllevaría a acabar consigo mismo, ya que el Estado sólo existe para hacer oposición a la vida privada, en consecuencia, el Estado no puede creer en la impotencia interna de la administración, de modo que el Estado se dedica a reconocer defectos formales, accidentales y a tratar de remediarlos, pero no a desaparecerlos.


Max Weber, sociólogo alemán, suministra sus aportes a la teoría de la administración en su obra Economía y sociedad (1921), Weber es cultivador de la ciencia de la administración, junto con Marx y con el francés Tocqueville, estudian la burocracia, pero Weber fue quién destacó las virtudes de la burocracia, en tanto que Marx y Tocqueville, los vicios de la misma.


Para Weber la burocracia es una necesidad absoluta de la sociedad, la burocracia según Weber gira alrededor de seis principios, a saber: La especialización, la jerarquía, la formalización, el personal operativo, la impersonalidad y la carrera profesional. Por su parte, otro pensador alemán, estudioso moderno de la ciencia de la administración es Fritz Morstein Marx, una de sus obras escrita en 1965 es Administración: una presentación introductoria.


La Ciencia Administrativa en España y América Latina: En el mundo hispano, destacan desde 1597 Jerónimo Castillo de Bovadilla con su obra Política para corregidores y en 1649 Juan de Solórzano Pereira con su obra Política Indiana, Javier de Burgos y Olmo con su obra de (1826): Exposición dirigida a S.M. el señor D. Fernando VII desde París, Manuel Ortiz de Zúñiga con su obra de 1842 Elementos de derecho administrativo, Mariano Baena del Alcázar con su obra de 1968: Los estudios sobre administración en la España del siglo XVIII.


Igualmente destaca en el mundo hispano Eduardo García de Enterría con su obra de 1972 Revolución francesa y administración contemporánea; de este lado del charco destacan los aportes de Teodosio Lares, José María del Castillo Velasco, Manuel Cruzado, todos mexicanos, expositores de derecho administrativo del siglo XIX; en Guatemala destaca Antonio González Saravia que en 1888 escribe su obra La administración pública, obra calificada de “notable” por parte del Dr. Omar Guerrero-Orozco.

También destacan el puertorriqueño Pedro Muñoz Amato que en 1954 escribe Introducción a la administración pública, el mexicano José Galván Escobedo con su obra Tratado de administración general del año 1962 y el costarricense Wilburg Jiménez Castro con su obra del año 1963 Introducción al estudio de la teoría administrativa, el argentino Bernardo Kliksberg es un autor abundante en obras, una de las cuáles es del año 1973 titulada Cuestionando en administración, resta mencionar a otros expertos escritores y tratadistas latinoamericanos como lo son el argentino Rafael Bielsa, el peruano Humberto Núñez Borja y el tratadista español León Cortiñas Peláez que escribió en 1972 la obra titulada Las ciencias administrativas en América Latina, un caso excepcional, porque siendo un jurisconsulto, trata con maestría la ciencia de la administración en América.


La Ciencia de la Administración Pública en Inglaterra: Inglaterra impulsó lo que ellos denominan la “filosofía británica de la administración”, las instituciones administrativas británicas han cultivado el concepto de la “autogestión”, acorde con el intenso sentido de participación política ciudadana del pueblo inglés y de acuerdo con el espíritu de autogobierno de los británicos.


Los seis pensadores sobre administración pública, de mayor actividad académica son Haldane, Wallas, Beveridge, Sheldom, Urwick y Stamp. No obstante, W.H. Moreland con su artículo La ciencia de la administración pública del año 1921, incursiona el cultivo estricto de la ciencia de la administración. Moreland aduce que la política en Inglaterra decide sobre los objetivos a lograr, mientras que la administración pone a la política en ejecución, de modo que los órganos administrativos y hasta los estadistas ingleses cumplen con esas dos funciones, es decir, como políticos y administradores, para Omar Guerrero esta es una paradoja sui géneris de los británicos.


Moreland hace una distinción entre administración pública y privada, la primera es de carácter difuso, la segunda es concentrada. Por otro lado, E.N. Gladden argumenta que el administrador en Inglaterra es un servidor, no un amo, esto quiere decir que el ciudadano inglés ve la labor del administrador como una actividad cooperativa y no con el manejo del poder. F.F. Ridley otro prestigioso pensador administrativo británico, llega a aseverar que, en materia de la enseñanza de la administración pública, Inglaterra es un país subdesarrollado.


El Estudio de la Administración Pública en Estados Unidos: Los pensadores norteamericanos desechan el carácter de ciencia a la administración pública, acostumbran referirse al “estudio de la administración pública” en lugar de ciencia de la administración. En los Estados Unidos se halla la escuela del “gerencialismo” la cual fue impulsada por Lutero Gulick. El gerencialismo observa la administración pública desde la perspectiva de la gerencia privada y pretende encontrar en ambos principios comunes, una sola categoría de administración.


El conductismo, impulsado por Heriberto Simon, es otra corriente de pensamiento aplicada a la administración pública y privada. Sin embargo, los orígenes del pensamiento administrativo norteamericano se encuentran en los pensadores Alejandro Hamilton, Jaime Madison, Juan Jay y Thomas Jefferson. Hamilton tiene tesis administrativas encontradas con las de Jefferson, para Hamilton la administración del gobierno abarca toda la actividad del cuerpo político, lo mismo que ejecutiva, legislativa y judicial, pero en su significado más usual y preciso, se contrae a la parte ejecutiva.


Hamilton cree que el poder nacional debe corresponder al gobierno federal, que tiene que estar por encima de los gobiernos de los estados que forman la Unión, de modo que el poder ejecutivo debe tener tanta autoridad como el legislativo, por lo tanto, el Estado nacional debe regirse por la centralización.


Por su parte, Jefferson pensaba que el objeto del gobierno es velar por la vida y el bienestar del hombre, pues de tal cometido nace su legitimidad, cree que el gobierno debe estribar en la información, como el más certero y legítimo instrumento del gobierno, Jefferson se inclina porque sean los estados de la Unión los encargados del mayor peso de las funciones políticas y administrativas, convirtiendo el poder nacional en un organismo simple y poco costoso a cargo de unos cuantos funcionarios, pero más que en los estados, el peso de los negocios debe recaer en los condados, es decir, la más alta descentralización administrativa.

Repensando el Rol del Estado: Bernardo kliksberg propone el cuestionamiento de las tendencias desmantelamiento y reducción del Estado y sus órganos en los países de América Latina. Sugiere abordar los problemas sociales con modalidades de participación ciudadana, lo que se puede denominar actitudes cooperativas entre Estado, Sociedad Civil y Sectores Productivos.

Acusa el proceso de demolición del Estado por la falaz antinomia entre Estado y mercado. En consecuencia, se requiere reconstruir un Estado que pueda cumplir con las nuevas demandas que se le plantean, que pueda combinarse armónicamente con las fuerzas privadas de producción para facilitar el desarrollo de una sociedad civil más articulada, fuerte y activa. Kliksberg denomina a este tipo de organización “Estado Inteligente”, el cual sería un Estado concentrado en los roles estratégicos para la sociedad y con un diseño constitucional de alta efectividad.

Un estado inteligente en lo social no tiene por que ser un estado mínimo, ni ausente. Debe ser un Estado con “políticas de Estado”, no de partidos, debe ser un Estado capaz de impulsar la concertación entre lo económico y lo social, promotor de la sociedad civil. Por último, estima necesario releer los problemas de gestión social, apoyándose en las innovaciones que suministra el comportamiento organizacional, pero respetando la especificidad y la singularidad de la naturaleza de la función pública, buscando políticas de estado “inter-institucionalizadas” en vez de “sectoralizar”.



La necesidad de poseer hoy día lo que Marx denominó “gobierno barato” es desde mi punto de vista de gran trascendencia. La necesidad de administrar la sociedad en términos “baratos” en lugar del término “eficiente”, le permite a la mente explayarse en la búsqueda, teorización, diseño y ejecución de acciones dirigidas a tener un Estado cuyos costos sean reducidos, necesariamente se debe de volver a estudiar la burocracia para determinar qué de lo que está haciendo sale caro y qué de lo que está haciendo sale barato, en lugar de definir qué de lo que hace, lo hace bien y qué de lo que hace, lo hace mal.

El criterio del costo de la gestión debe ser concurrente al criterio de calidad de la gestión. Si lo que hace la burocracia, lo hace bien pero caro, se cumple con el cometido asignado, pero desangra la sociedad, lo que quiere decir que, con un accionar caro, la sociedad paga un alto precio por mantener estructuras estatales democráticas eficaces, pero ineficientes, al largo plazo la ineficiencia se tragará la eficacia y en ese escenario, el cual es muy típico de Estados Latinoamericanos, el Estado y la Sociedad se endeudan, incrementan los problemas en la economía, en el sentir de la gente y el caos sobreviene sobre la población. Si tras de hacerlo caro lo hace mal, peor la cosa.

Aunado a los esfuerzos de Bernardo Kliksberg por encontrar modalidades de dirección para el trío Sociedad-Estado-Sectores productivos, pienso que si se logra empotrar las estrategias, las estructuras, los recursos, el dinamismo, la motivación de estros tres sectores, en la conducción de la sociedad, se puede lograr un “gobierno barato” y eliminar los problemas atenuantes a la pobreza que muchos de los países del mundo poseen.

Por supuesto, esto requiere reformar el Estado, esto será una lucha contra el status quo de muchos, que ya edificaron su espacio de vida en los corredores del clientelismo oportunista de lo político-burgués-burocrático. Es decir, la ciencia de la administración pública debe hacer otro avance, otro progreso, esta vez no será del Feudalismo al Absolutismo, ni del Absolutismo al Estado Burgués de Derecho, sino del Estado Burgués de Derecho a lo que yo me atrevo denominar Estado Cooperativo de Derecho .

Atinente la tesis de kliksberg sobre la necesidad de repensar el Estado, con el propósito de alcanzar el Desarrollo Social, kliksberg agrega que esa búsqueda y esa actividad de repensamiento deben hacerse más allá de dogmas y convencionalismos.

Sin embargo, en el discurso de Kliksberg, se deja ver un acentuado uso de la terminología propia de organismos supranacionales de corte liberal, esto le quita brillo a la sentencia del título del artículo de Kliksberg, es decir, más allá de dogmas y convencionalismos, puesto que al hacer uso del modo de pensar de tales corrientes liberales, encasilla las posibles soluciones a los ejes temáticos del liberalismo, cayendo precisamente en convencionalismos y dogmas de nuestro tiempo, y con ello, restándole potencia al pensamiento criollo, propio de la naturaleza latinoamericana, que permitiría arribar a nuevas propuestas de estructuración y gestión estatal.

Algunas de las frases del discurso de Kliksberg son las siguientes: “[...] es necesario discutir ante todo qué rol se desea que cumpla el Estado en los países en desarrollo a fines de este siglo [...]” la frase anterior revela el orden conceptual en la mente de Kliksberg, propia del lenguaje de organizaciones supranacionales liberales, es decir el estribillo “países desarrollados, países en desarrollo”, este modo de parlar, lleva consigo la necesidad de aceptar que si se desea ser un país desarrollado, por necesidad recurrente se requiere seguir las políticas, formas y sistemas de acción de dichos países, con lo cual, se hacen tributarios los países en vías de desarrollo de las tipologías de orden estratégico-estructural de los países desarrollados, haciendo a los no desarrollados, consumidores de todo aquello que los países desarrollados poseen, empezando por las ideas, la percepción de la realidad, sus mecanismos de gestión, su moneda, sus mercancías etc., es decir, se continúa con el yugo de dominio, esta vez en términos suaves, en términos de ideología política.

Kliksberg es un pensador agudo, y sus aportes son de alta importancia, pero deja ver todavía en su pensamiento, algo de lo mucho que nos ha dominado por tanto tiempo, la percepción de la realidad con los lentes de los países “desarrollados”.

Kliksberg trae a colación una frase de un trabajo del Banco Mundial, la frase dice lo siguiente: “[...] acciones estatales que conlleven una distribución más equitativa de la riqueza bien podrían hacer parte integral de una exitosa estrategia económica [...]”, nótese el dogma del liberalismo “distribución de la riqueza”, es decir, kliksberg busca repensar el Estado cayendo en el discurso que nos ha sometido a la escasez de ideas propias, porque: ¿Qué pasa que no se habla primero de trasformar el Estado Burgués de Derecho hacia un Estado Cooperativo de Derecho? ¿Qué pasa que no se habla primero de crecimiento y progreso, pero sí de desarrollo? ¿Se puede alcanzar el desarrollo sin crecimiento? ¿Se puede alcanzar el progreso sin crecimiento? ¿Cuál es el orden de los factores para salir del “subdesarrollo”? Es más, ¿Qué se entiende por sub-desarrollo? ¿Es el subdesarrollo la no aplicación de los conceptos usuales de los países ricos?

A veces, parece entenderse que el “desarrollo” es una fase sola, independiente del crecimiento social y del progreso humano, salida de los libros y de las teorías, empero el término liberal “desarrollo” es en sí mismo, un producto más del dominio ideológico discursivo de los autores, la búsqueda del “desarrollo” nos hace acudir a las tiendas de los “desarrollados” para adquirir sus modismos, productos y sistemas, en detrimento del pensamiento criollo, capaz de parlar y gestionar un modelo de Estado propio, auténtico, vacunado contra el dominio discursivo que quienes se llaman a sí mismos “desarrollados”.

En el discurso de Kliksberg se interpreta su adhesión al concepto de que riqueza es todo lo que existe y hay que repartir, en lugar de que riqueza es todo lo que no existe y hay que producir.

A pesar de la anterior disconformidad con el autor, hay que recalcar lo útil y bueno de su artículo, que desde mi punto de vista tiene que ver con la búsqueda de mecanismos de articulación entre el Estado-Sociedad Civil-Sectores Productivos. Aquí hay mucha tela que cortar.

La búsqueda de la felicidad y de la mejoría constante de las condiciones de vida del ciudadano [no súbdito, ni vasallo, ni cliente, ni usuario, ni beneficiario, sino ciudadano en primer lugar], conlleva a la necesidad de replantearse ¿Cómo se distribuye el poder en dicho Estado Cooperativo de Derecho?

En este punto, la tesis de Marx de poseer un gobierno barato, junto con las de “compartir” el poder y por lo tanto, la administración de la sociedad, del Estado, entre tres agentes cooperativos, a saber, el Estado en su calidad de representante de la voluntad popular; de la Sociedad Civil en su calidad cuerpo vivo que puede hacer cambiar su voluntad cuando lo sienta útil para incrementar la calidad de las condiciones de vida del ciudadano-habitante; y de los Sectores Productivos, en su calidad de agentes del ciclo económico, nos conduce a replantear el contrato social, el mismo ya no sería exclusivo entre el individuo y el Estado, sino entre el Estado, La Sociedad Civil y los Sectores Productivos, sería un contrato en términos cooperativos para la administración de los asuntos colectivos, sería lo que he denominado Contrato Organizacional.


Un contrato tripartito para la búsqueda y beneficio de la calidad de vida del sujeto que conforma cada una de las partes del contrato, el ciudadano mismo, el cual cumple tres roles en cada organización: en los sectores productivos es un agente económico que suministra su fuerza, cognición, motivación y voluntad para la generación de la riqueza, de la cual tiene derecho a una parte consustancial por su aporte humano-laboral, en el Estado cumple una función de elector-comisario-controlador de los asuntos colectivos y en la Sociedad Civil cumple con su función de individuo, partícula viva constitutiva de un todo que constantemente nace, crece, se desarrolla, vive y fenece y deja vida en sus generaciones.

En consecuencia, la administración de los asuntos públicos resultaría
barata, en la medida en que el ciudadano participe activamente del cometido que le corresponde, disminuyendo los costos de la burocracia, dejando recursos libres para la gestión productiva y el ocio, sin el cual los pueblos pierden su categoría de tales, pasando a ser fuerza productiva, únicamente.

En este punto de vista, el Estado deja de constituirse en la antinomia de la vida privada y pasa a ser “socio contratista” con los Sectores Privados de Producción y con la Sociedad Civil de la cual se deriva, a la cual se debe y debe suministrarle protección.

En consecuencia, los beneficios de la descentralización en la administración pública conllevarían a una disminución de los costos administrativos, los beneficios del uso científico de las fuentes de capital y de conocimiento, conllevarían a un rendimiento exponencial en la generación de la riqueza y por ende, en su distribución, por último, el
civitas tendría a la mano el orden oportuno para disfrutar la vida en toda su extensión.

De este modo, el Estado dejaría de ser un estorbo para el dinamismo productivo, deteniendo con ello la
demolición de la que habla Kliksberg y de la complejidad regulatoria de la que habla Meoño Segura. Es todo.

BIBLIOGRAFÍA

Guerrero Omar (1986), LA TEORÍA DE LA ADMINISTRACIÓN PÚBLICA, HARLA. México. ISBN: 968-6034-70-6

Kliksberg Bernardo (1998), REPENSANDO EL ROL DEL ESTADO: Más allá de dogmas y convencionalismos, Lección Inaugural de la UCR.

Meoño Segura Johnny (2001) Crisis nacional, estado y burocracia ¿Cómo superar nuestra rígida cultura política?, Cartago, Costa Rica, Editorial Tecnológica de Costa Rica.
ISBN: 9977-66-121-9.

 


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